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El coaching, ¿un GPS interno?

Publicado el 07/07/14 Sin Comentarios

Hace unos meses estuve en una conferencia de “la chica GPS” y a partir de sus reflexiones se me ocurrió que el coaching podría ser como tener un GPS interno.

“La chica GPS”, es la voz que todo el tiempo te está diciendo: “Recálculo”, lo que significa que te encuentras fuera de la ruta y que posiblemente tengas que tomar un caminio distinto, dar algunas vueltas o definitivamente, dar vuelta en U y cambiar de dirección.

Se me ocurre que el coaching es como tener un GPS interno porque al igual que el GPS nos ayuda a llegar a nuestro destino, nos da las herramientas para mantenernos en la ruta que elegimos, nos muestra cómo movernos a donde decimos que queremos ir, nos da el rumbo y si es necesario nos hace cambiar de dirección para alcanzar la meta. ¿Qué sería recalcular en la vida, en mi negocio, en el trabajo o en una relación? ¿Cómo sería si todos los días utilizáramos nuestro GPS interno para no salirnos de la ruta? Podemos recalcular en cualquier momento.

¿A qué me refiero cuando digo que el coaching nos da las herramientas para tener un GPS interno?  ¿Quién sería la voz que me dice “Recálculo”? Me refiero a la conciencia. Como si ésta fuera una especie de brújula que nos da la dirección correcta, cuando tenemos la capacidad de reflexionar sobre nuestros patrones de comportamiento, de observar la estructura de pensamiento a través de la cual significamos el mundo para poder encontrar nuevos caminos o descubrir un nuevo rumbo a partir de alguna posibilidad que quizás estaba velada bajo el esquema de pensamiento con el que generalmente actuamos.

En primer lugar tendría que preguntarme si estoy lista para recalcular: para darme cuenta de que estoy fuera de la ruta. A veces en la vida estamos muy alejados de la ruta que desearíamos seguir y ni siquiera nos damos cuenta. Lo que hace la diferencia es ser consciente, pero sobre todo, estar dispuesto a responsabilizarme de mi vida. Esa sería la diferencia de tener o no, un GPS interno.

A veces sabemos que algo no anda bien, que no somos felices con lo que hacemos o que simplemente hemos caído en una vida de rutina, pero la zona de confort es muy acogedora. ¿Para qué iniciar algo nuevo si así vivo bien? ¿Para qué arriesgarme si lo que tengo es “seguro”? ¿Para qué revivir un sueño o aprender algo nuevo, si con lo que hago estoy “estable y feliz”? ¿Para qué hacer caso a esos pensamientos?

Para Jean Paul Sartre la libertad es la categoría antropológica fundamental: el hombre no es consecuencia de determinismo alguno, ni teológico, ni biológico, ni histórico, ni social; es una consecuencia de lo que él mismo ha decidido ser.  En “El existencialismo es un humanismo” describe tres elementos que acompañan a la libertad: la angustia, el desamparo y la desesperación.

Sartre afirma que “la angustia no es por ningún motivo algo concreto, ni de ningún objeto externo, es miedo de uno mismo, de nuestras decisiones, de las consecuencias de nuestras decisiones. Es la emoción o sentimiento que sobreviene con la conciencia de la libertad: al darnos cuenta de nuestra libertad nos damos cuenta de que lo que somos y lo que vamos a ser depende de nosotros mismos, de que somos responsables de nosotros mismos y no tenemos excusas; la angustia aparece al sentirnos responsables radicales de nuestra propia existencia”.

Estar dispuesto a cambiar de dirección no es algo sencillo, sabemos que lo que se va a requerir de nosotros es ser capaz de hacer algo aunque no me sienta a gusto, aunque no tenga ganas, a pesar de sentirme frustrado o agotado.

Por eso lo primero es decidir si estoy dispuesto a cambiar de ruta, a no traicionarme por una zona de confort. A veces nuestro GPS interno nos grita que no estamos en la ruta correcta y sabemos que podemos cambiar la dirección, pero estar dispuesto a hacerlo, requiere mucho valor. ¿En quién me convertiría si tomo esa decisión? ¿Qué persona tendría que ser para llevar a cabo ese proyecto? ¿Estoy dispuesto a enfrentar lo que digan los demás? ¿A manejar las emociones que pueden surgir a partir de este cambio? ¿Estoy dispuesto a tener mis emociones y no que las emociones me tengan a mí?

Soren  Kierkegaard propone una alternativa para la angustia y la desesperación, él dice que no se trata de evitarlas, disminuirlas o negarlas, sino de aceptarlas y hasta cierto punto trascenderlas, es decir, ir a través de ellas para “aprender a vivir”.  Dice que “la tarea en la vida no consiste en no angustiarse (como muchos podrían creer), sino en aprender a angustiarse. El que no aprenda se busca de alguna manera su propia ruina: o porque nunca estuvo angustiado o por haberse hundido del todo en la angustia. Por el contrario, quien haya aprendido a angustiarse de la debida forma, ha alcanzado el saber supremo…La angustia es la posibilidad de la libertad”. (Kierkegaard, 2007)

¿Qué sería para mí soportar la angustia? ¿Será que la angustia, el miedo, la ansiedad, eso que tenemos que enfrentar, es lo que está decidiendo por mí?  ¿Qué decisiones he tomado o no he tomado en la vida para evitar la angustia existencial?

CLARIFICA EL RUMBO

Algo que es indispensable para recalcular, es clarificar el rumbo. ¿Esa meta es mía o está condicionada por creencias o juicios de otras personas? ¿Me doy cuenta de que ni siquiera tengo un rumbo definido? ¿A dónde realmente quiero ir? ¿Soy libre para hacerlo? ¿Qué indicadores me están confirmando esto? Contactar con mis necesidades emocionales, analizar que he vivido de cierta forma pero quizás, no tiene sentido para mí y hacer los ajustes necesarios.

 

La chica GPS relata su travesía de Queensaland Australia a Nueva York: “Estaba viviendo una vida maravillosa pero sabía que estaba fuera de la ruta. Mi sueño era ser cantante profesional e irme a América”. Recalcular es la oportunidad de comenzar de nuevo en cualquier momento, desde un lugar totalmente distinto. No es que haya que irse a otro país y cambiar de profesión…O a lo mejor sí. Quizá simplemente sea elegir, tomar el volante, asumir que lo que decido hacer es mi elección, que estoy donde quiero estar, que soy un ser libre y esa, es mi responsabilidad. ¿Realmente queremos que este negocio o esta relación, funcione?, ¿o no? ¿Quién, qué, es importante para mí? ¿Qué me inspira? ¿Qué tengo que soltar? Para eso hay que escuchar a nuestro GPS interno.

ACELERA 

¿Qué decisión no has tomado? Si quieres lograr lo que no has logrado, tendrás que hacer cosas diferentes. Si quieres vivir lo que no has vivido, tienes que ser lo que no has sido. Si quieres ver un paisaje distinto, tendrás que caminar por donde no hayas caminado. Y si no, estás bien donde estás, siempre es nuestra elección.

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