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¿Qué tiene que ver el día de muertos con el coaching?

Publicado el 01/11/14 Sin Comentarios

Por Ana Ocampo

Por ser uno de los temas esenciales de la existencia humana, la muerte y el manejo de los duelos se vuelve uno de los temas centrales en el coaching de vida, así como la muerte, uno de los duelos más difíciles de enfrentar en la mayoría de las culturas.

¿Cómo vivimos los mexicanos el duelo de la muerte? ¿Qué significa la burla y la fiesta? ¿Es una disociación del dolor o tenemos la capacidad de reírnos descaradamente? ¿Qué muestran nuestros refranes, altares y canciones? ¿Una forma de sublimar el miedo para reponernos a la pérdida?

El estudio de la muerte ha sido una constante en el pensamiento humano, por ser uno de los misterios de la existencia y de lo desconocido. En la idiosincracia del mexicano la muerte es una dualidad: es rito pero también es motivo de celebración y a esto se le pueden atribuir muchos significados: la burla, el miedo, enojo, frustración, tristeza,  la esperanza de una vida posterior o  la trascendencia, dependiendo de la interpretación y las creencias de cada persona, matizadas por tintes sociales, religiosos, etc.

Paul Westheim, en su libro La Calavera dice que “el mexicano se ríe por no llorar de la vida, de sí mismo y de su destino, cuyo consuelo final es la muerte, donde se igualará con todos los que, en el imaginario popular de raíz católica, son inalcanzables en esta vida. No es el temor a la muerte, sino la angustia ante la vida, la conciencia de estar expuesto y con insuficientes medios de defensa, a una vida llena de peligros”. Octavio Paz sostiene que “se trata de una de las máscaras del mexicano, el exterior del enigma que más ha impresionado a los extraños que se acercan a este fenómeno necrófilo nacional”.1

Quizá esta forma del mexicano entre huir y amar a la muerte, esta angustia – atracción, sea parte de nuestra capacidad de sincretismo donde el dolor y la burla pueden tener cabida al mismo tiempo. La forma como ha convivido el mexicano con la muerte le ha dado otro significado, una combinación de luto,  alegría, burla y miedo. El mexicano ve la muerte como un símbolo dual, inseparable del concepto de la vida, que rige nuestra existencia dentro de un misticismo materializado en una fiesta, que se mantiene a través del tiempo, como un elemento de identidad y como parte esencial de nuestro ser.

Independientemente de cuál sea nuestro particular significado de la muerte, es algo que siempre está ahí, que condiciona nuestros pensamientos, nuestra vida y nuestras acciones, queramos ser conscientes de ella o no. No podemos hablar de muerte sin incluir la búsqueda de sentido. ¿Qué tanto puedo comprometerme con mi existencia sin la conciencia de que soy finito?  ¿Cómo vivo la permanente posibilidad de la muerte, tanto mía como de los demás, de las cosas, las situaciones? A mí me gusta pensar en la muerte como a Don Juan:

“La muerte es nuestra eterna compañera -dijo don Juan con un aire sumamente serio-. Siempre está a nuestra izquierda, a la distancia de un brazo. Te vigilaba cuando tú vigilabas al halcón blanco; te susurró en la oreja y sentiste su frío, como lo sentiste hoy. Siempre te ha estado vigilando. Siempre lo estará hasta el día en que te toque”.

“La muerte es la única consejera sabia que tenemos. Cada vez que sientas, como siempre lo haces, que todo te está saliendo mal y que estás a punto de ser aniquilado, vuélvete hacia tu muerte y pregúntale si es cierto. Tu muerte te dirá que te equivocas; que nada importa en realidad más que su toque. Tu muerte te dirá: Todavía no te he tocado.” 2

1 La Celebración del Día de Muertos en México. José Antonio Mac Gregor y Sonia Iglesias. Archivo Consulado de México en Portland, Oregón

2 Castaneda Carlos “Viaje a Ixtlán”.

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