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Enjuiciar es parte de nuestra naturaleza, “los seres humanos son animales que hacen juicios” dice Friedrich Nietzstche. Observo y juzgo al mismo tiempo. Es importante resaltar que “los juicios no son buenos ni malos, son Juicios” como lo afirma Rafael Echeverría, no expresan “la verdad”, sino mi particular interpretación y postura ante los acontecimientos que observo, muestran mis miedos, esperanzas, resentimientos y en general, mis estados de ánimo recurrentes.
Trascendencia de los juicios
La trascendencia de los juicios está en el futuro, ya que además de mostrar lo que opino sobre una persona, determinan la relación que estoy dispuesto a establecer con ella más adelante, así como las acciones que me siento capaz o incapaz de realizar. Por ejemplo, si juzgo que Juan es un irresponsable, tendré muchas reservas para asignarle un proyecto importante, por el contrario, si me parece una persona confiable, será mi primer candidato para el mismo proyecto.
En el plano personal, si considero que la economía, el país, el calentamiento global y hasta mi propia felicidad son el resultado de acciones y decisiones que están fuera de mi control, que haga lo que haga nada va a cambiar, además de una postura fatalista, declaro que renuncio a mi poder de acción y que dejo el curso de los acontecimientos en manos del azar.
Actualización de un juicio
Algunos de nuestros juicios operan como sentencias absolutas, determinan como ES la vida o el otro y niegan la posibilidad de cambiar y actualizarse.
Si bien muchos de ellos se formaron a partir de experiencias personales y en su momento fueron útiles representando una buena respuesta a los acontecimientos, se han mantenido sin actualizar, aún cuando las condiciones cambiaron radicalmente. Por ejemplo, si María en determinado momento respondió de manera agresiva ante una situación específica, podemos “absolutizar” que María es agresiva, grosera y negarle la posibilidad de aprender mejores respuestas. Lo mismo sucede con el niño que creció tratando de pasar desapercibido para evitar abusos y ahora de adulto no sabe mostrarse, por lo que pierde importantes oportunidades, o quien fue pobre en la infancia y de adulto con dinero, sigue teniendo conductas que no le permiten disfrutar su nuevo estatus.
Mantener relaciones sanas conlleva actualizar los juicios que sobre mí y los demás establezco. Alcanzar proyectos exitosos requiere de cierta emocionalidad que los juicios determinan. Dada su trascendencia, en recomendable que sometas tus juicios a la siguiente evaluación:
► ¿Qué inquietud se esconde atrás de este juicio?
► ¿Cuál es el futuro que deseo crear, qué posibilidades abre y cierra mi juicio?
► ¿Cuál es el estándar que utilizo para emitir el juicio?
► ¿En todas las áreas de su/mi vida esto es así?
► ¿Qué acciones concretas refuerzan esta opinión?
► ¿Quién se beneficia de esta forma de actuar mía?
► ¿Qué consigo siendo así?
► ¿De qué me he perdido por actuar así?
► ¿Qué oportunidades he desaprovechado por actuar de esta manera?
► Si dices “Soy muy responsable” pregúntate ¿Qué beneficios se obtienen al ser irresponsable? ¿Qué de eso me hace falta?
► ¿Me conviene seguir actuando igual?
► Dado los recursos con los que ahora cuento ¿Cuál es una mejor manera de obtener resultados?
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