Del coach y El peregrino Caminar como peregrino? – Grupo Esco

Del coach y El peregrino
Caminar como peregrino?

Por Ana Ocampo
Algunos libros han dejado en mí una profunda huella, ya que ha partir de ese encuentro, algo importante cambió en mi forma de observar y, por lo tanto, pude emprender diferentes y mejores acciones. Uno de esos momentos lo viví cuando, hace mucho tiempo leí El Peregrino de Paulo Coelho.

El libro narra la travesía de Coelho a Santiago de Compostela. Los obstáculos que encontró en el viaje, las acciones que emprendió para superarlos, así como las innumerables enseñanzas que obtuvo a partir de peligros, contratiempos e impulsos a los que se enfrento en esta peregrinación, impuesta por su maestro como una forma de encontrar el sentido real de su entrenamiento.

Dentro de la historia de Coelho se describen cosas extraordinarias que ayudan al peregrino a rencontrarse consigo mismo, a aceptar sus demonios internos y escuchar de ellos lo que tienen que enseñarle.

Debido al agradable recuerdo del libro, acepté la invitación de una amiga y compañera de aventuras para realizar una parte de esta peregrinación a Santiago de Compostela, caminando120 km en cinco días, distancia mínima necesaria para recibir la Compostelana, documento que cerífica tu peregrinar. Así que el 1º. de junio, cargada de una mochila inmensa llena en su mayoría de cosas inútiles, grandes expectativas, poco entrenamiento y mucha alegría, comenzamos a andar.

Durante las 7 horas que duraba cada jornada, experimente muchas emociones y estados de ánimo: Sorpresa ante los paisajes de Galicia, montañas, valles, ríos, flores multicolores que te sonríen cuando pasas, viñedos, pueblos pequeñitos y mágicos y ciudades magnificas; Enojo profundo cuando me sentía cansada y me cuestionaba que demonios hacía maltratándome los pies, pasando frío y otras veces sufriendo un sol inclemente, durmiendo en albergues sin posibilidades de privacidad y atada irremediablemente a una pesada mochila. Coraje para seguir adelante y renunciar al taxi que me prometía llevarme rápidamente a mi destino, un agradable trayecto y con aire acondicionado además; Incertidumbre al cuestionarme ¿y esto tiene algún valor para mí? ¿Solo se logran las metas con sufrimiento? ¿Qué necesidad o necedad me obliga a seguir adelante? ¿Me fallaría a mí misma si abandono el camino, o fallaría a lo que creo que son las expectativas de los demás sobre mí? Alegría y buen humor ante nuestros errores como el querer comenzar a caminar en un bosque muy oscuro a las 5 de la mañana, sin linterna, debiendo esperar a que aclarara lo suficiente para encontrar las flechas que señalan el camino, Paz al sentirme parte de un mundo mas tranquilo y equilibrado, donde los pensamientos en momento se detuvieron y me permitieron entrar en contacto con otra parte de mí, más sabia, más callada y más sensible. Profundo agradecimiento y humildad cuando comía un pan rústico con un poco de queso, bebía agua helada de una fuente o sumergía los atormentados pies en un arroyo. Agradecimiento y amistad por Mari Carmen mi compañera de viaje, quien camino un poco más para realizar tareas necesarias mientras yo descansaba cuidando las mochilas.

Hoy todavía no he terminado de entender y decantar todo el aprendizaje que esta experiencia me otorgo, me conmueve por ejemplo, el sentido de comunidad que surge del encuentro de muchos distintos cuando, aún por diferentes motivos, todos tienen un propósito común: Alemanes, Franceses, Venezolanos, Españoles, Ingleses, Japoneses y otros cuyos rasgos y acentos no alcanzo a distinguir, pero todos, al pasar junto a mi me deseaban “buen camino” y cuando cansada me sentaba a recuperarme, un “ya estamos cerca” “te esperamos adelante” y otras frases, me hacían sentir acompañada aunque hubiera tramos donde por mucho tiempo estábamos solas.

Ha partir de aquí, cedo la voz a Ana, quien, desde su propia lectura del libro de Coelho, me ha ayudado en la tarea de relacionar esta experiencia con el coaching.

Sandra Ocampo

Parte del trabajo del coach es observando y reflexionar qué nos impide alcanzar lo que declaramos importante y darle un sentido profundo a nuestras vidas. Ese sentido de autoexploración es una constante en la experiencia que narra Coelho.

Tanto en el libro como en el aprendizaje del coaching, podemos observar cómo las creencias pueden afectar nuestras acciones y decisiones presentes, ya que nos limitan o posibilitan ante una situación, dice el maestro “ Fuiste derrotado una vez y tienes miedo de serlo de nuevo; conseguiste algo y tienes miedo de volver a perderlo” Sin embargo, en Paulo prevaleció un sentimiento más fuerte: El deseo de encontrar su espada y decidir correr el riesgo”. Desde el coaching podríamos preguntarnos: ¿Qué cargas hemos creado en nuestra vida que no nos permiten avanzar? ¿A qué creencia estamos atados para no tener una vida plena?

Paulo había olvidado algunos de sus sueños y renunciado a su vocación hacia el arte, pero durante el trayecto se da cuenta “Que todo individuo está en el mundo para llevar a cabo su “leyenda personal”, para hacer realidad sus sueños, a pesar de las derrotas, del sufrimiento y del desengaño”. En coaching este aspecto es medular, implica hacer una profunda revisión de nuestros juicios y creencias, de la matriz interpretativa que nos rige, a partir de la cual proviene nuestra interpretación del mundo y determinan nuestras acciones, pues a partir de “darnos cuenta” podemos comenzar a desarticular las creencias limitantes, construir una matriz interpretativa más poderosa y lanzarnos a ser la persona que podemos llegar a ser.

Ya sea el Camino de Santiago, el camino del aprendizaje, o cualquier camino que recorras en la vida, lo importante no es el camino en sí, sino la manera como decidas afrontarlo, “tu manera”, tu interpretación.

A continuación, te comparto algunas frases del libro, que para mí son significativas y en las que encuentro una extraordinaria correlación con el trabajo y entrenamiento del coach:


  • Un síntoma de la muerte de nuestros sueños, son nuestras certezas. Como no queremos mirar la vida como una gran aventura a ser vivida, nos juzgamos sabios en lo poco que pedimos de la existencia. Y no percibimos la inmensa alegría que se halla en el corazón de quien lucha.

  • El camino es el que nos enseña la mejor manera de llegar, y nos enriquece, mientras lo atravesamos.

  • Al cambiar la manera de hacer cosas rutinarias, permites que un nuevo hombre crezca dentro de ti.

  • Vemos siempre el mejor camino por seguir, pero solo andamos por el camino al que estamos acostumbrados.

  • Una amenaza no puede provocar nada, si no es aceptada.

  • Enseñar es mostrar que es posible. Aprender es volverse posible a sí mismo.

  • Como los ríos cambian de curso, también el ideal de los hombres está sujeto a cambios.

  • ¿Puedo controlar mi vida o soy el resultado de circunstancias que escapan a mi control?

  • La búsqueda de la felicidad es personal, y no un modelo que podamos dar a los otros.

  • “Resististe bravamente a todas mis tentativas de transformarte en héroe. Esto hizo muy difícil nuestra relación, hasta que comprendí que lo extraordinario reside en el camino de las personas comunes. Hoy en día esta comprensión es lo más precioso que poseo en mi vida; me permite hacer cualquier cosa y me acompañará siempre”.
    Ana Ocampo